Alejandra y Carolina: una sombrilla para dos

09.06.2017

Y entre acequias del Turia, con el aroma de los campos de arrozales y las clóchinas de la Albufera, dos pequeñas celebraron su comunión. En aquella casita rodeada de caminos, bordeados por arbustos y fuentes. Con el sonido lejano de las aves, las familias disfrutaron de la tarde de domingo con rico convite. Tras el baile, y antes justo de partir la tarta espada en mano, las golosinas se hicieron las dueñas de la fiesta, y de sus botes de cristal con fino encaje saltaban bolitas de maltesers de chocolate negro y blanco. Ramilletes de setas y enormes girasoles, corazones dulces y rosquillas... El olor de las golosinas pudo con el mal tiempo, y la tormenta cesó para el disfrute de grandes y pequeños. Un rayito de sol anunció el pacto que la naturaleza hacía para aquella tarde y permitió que la limonada pudiera hacer su función de aplacar la sed de todos. La lluvia se tornó en tiempo apacible, como el paraguas en hermosa sombrilla de fino chantillí.